sábado, 29 de diciembre de 2012

LA NUBECILLA (por Leena )



   LA NUBECILLA (por Leena Kokkonen)
Había una vez un gran cuadro que un joven artista acababa de pintar.  Representaba hombres vestidos en paños drapeados apoyados en columnas quebradas y detrás de ellos había un paisaje oscuro con ruinas de acueductos y unos árboles en fila.  En el cielo había varias nubes y con la última pincelada con el color blanco que sobraba en la paleta, el joven había dado vida a una pequeña nubecilla, casi un extraño en la solemnidad de la imagen.  Era una nubecilla recién nacida muy vivaz así que tenía curiosidad de conocer si el mundo que estaba fuera era semejante al cuadro. Eludendo la atención del joven se desprendió de la tela y salió al aire libre.  En eso el sol le cegó la vista pero estaba listo a iniciar su aventura.  Era muy ligero y suave como la espuma del champú y de pronto un soplo del viento lo llevó hacia afuera.  Hizo muchas volteretas en el aire hasta que pudo mirarse en torno.  Luego vió abajo una llanura rodeada de montañas donde latía la vida. En las praderas pacían vacas, caballos y ovejas.  Una carretera atravesaba el pequeño pueblo en el cual las casitas blancas estaban situadas a lo largo de ésta, unas a la izquierda, otros a la derecha. En torno a las casitas se veían jardines con flores y árboles frutales.  En la hondanada había un lago con veleros y botes de remos.  En las orillas unos muchachos estaban tendidos para broncearse mientras otros se bañaban en el agua. De vez en cuando de las casitas salían hombres y mujeres, todos con vestidos muy diferentes de los que el joven artista había cubierto sus personajes.  También todo lo que veía era diferente de la sombría atmósfera del cuadro. “Quisiera pararme aquí” dijo la nubecilla al viento que lo mecía en el aire. “Si no vuelvo, el pintor es capaz de cubrir la mancha que dejé con otra pincelada, ¿vale?"

!Nunca lo habría dicho!  Detrás de la sierra estaba acercándose un negro nubarrón tan grande que oscurecía el cielo.

La pequeña nubecilla no podía moverse. El soplido del viento se había sosegado y el nubarrón se acercaba. No existía posibilidad de fuga.  Luego, de repente un fuerte relámpago y el trueno que lo acompañaba lo asustaron tanto que creyó perder el sentido y empezó a gritar “¡Socorro!. ¡Ayudadme !,quiero regresar a casa” repitiéndolo muchas veces.  Finalmente el viento de la sierra le oyó y con un fuerto soplido le hizo volar hasta el estudio del joven

artista y así la nubecilla volvió a pegarse sobre la tela sin que nadie se diera cuenta de su ausencia.
El cuadro fue llevado a una galería de arte mientras el joven se hacía ilusiones de un buen éxito. Sin embargo su cuadro siguió colgado por mucho tempo sin encontrar quién lo comprara. Por fin fue puesto en el desván entre otras pinturas.  “No veo nada. Tengo que salir al cielo” gemía la nubecilla antes de que se quedara sofocada por un gran cuadro lleno de polvo decimonónico.

EL CUENTO DEL GATITO (por Ornella Busti)


EL CUENTO DEL GATITO  (por Ornella Busti)

Habia una vez un michino que vivía en una casa muy grande en una ciudad muy antigua. Estaba siempre solo porque sus dueños trabajaban por la mañana, por la tarde, y a menudo por la noche. Entonces el pobre gatiito que era todavia pequeño, pues tenía pocos meses, se aburría mucho y pasaba todo el tiempo durmiendo o cazando moscas. Tampoco tenía ganas de jugar:  ¿Con quién habría podido hacerlo? Desde las ventanas veía solo el cielo, y de noche las estrellas, estaba triste porque, aunque intentaba alcanzar los alfeizares, nunca lo había logrado. Cuando llegó la primavera, el ama de casa antes de salir, empezó a dejar algunas ventanas abiertas. Mientras tanto el michino se había convertido en un joven gato de rara belleza, y ansiaba salir de su prisión. Finalmente, un dia, hizo acopio de todas sus fuerzas, pegó un salto sobrehumano y consiguió alcanzar el alfeizar. El cielo ya lo conocía, pero lo que estaba debajo del cielo, no, ¡eso no lo conocía! ¡Lo que vio fue maravilloso! Hileras de casas y de techos, calles llenas de gente, y a lo lejos, el campo con árboles y flores coloradas. Se quedo anonadado, y por primera vez se sintió feliz. En cuanto recobró el conocimiento, tomo la decisión de explorar el nuevo mundo que se mostraba ante sus ojos. De repente pego un salto felino y comenzó a caminar con cuidado sobre los techos de pizarra hasta llegar a una chimenea que dejaba salir mucho humo. Muy intrigado por este humo, se puso a mirarlo con curiosidad cuando sintió al improviso un leve maullido. Se giró y vio acurrucada en un rincón a una micha completamente blanca con maravillosos ojos azules. Era la primera vez en su joven vida que veía una especie animal parecida a él. Muy emocionado e impresionado por la belleza del ejemplar, se agachó para acurrucarse cerca de ella. Empezaron a hablar, como solo los gatos saben hablar entre ellos, y permanecieron allí por mucho tiempo. Finalmente la gatita se levantó y empezó a andar sobre los techos, a menudo saltando de uno a otro. Llevaron andando un buen trecho y el héroe de nuestra historia la seguía hechizado. De improviso la michina se paró, y mirando al gato con sus ojos azules, le hizo entender que al fin habia llegado a la casa donde ella vivía, y le indicó una ventana llena de flores. Era necesario que saltaran para alcanzar ese lugar, y el salto parecía peligroso. El gato tenia que decidir: irse o saltar. No lo dudo un instante. Había encontrado su paraíso y entonces..... Y entonces ¡Saltaron!, una detras del otro. El gato nunca más se mudó de aquella casa, ni sintió tampoco nostalgia por su anterior casa.

UNA HISTORIA SEMISERIA DE UN RELOJ UN POCO LOCO  (por Gise)

Había una vez una casa en el bosque donde vivía un hombre bastante viejo. El vivía solo y su única compañía era el "Tic Tac" de un reloj de pared más viejo que él.
Un dia el reloj no dio más las medias horas y en lugar de hacer "Tic Tac"empezo a hacer "Tac Tac".
Pedro, este era el nombre del viejo, mientras iba salir de casa para buscar setas en el bosque, de repente se paró al escuchar el extraño "Tac Tac" del reloj.
Miró el reloj y vio que la manecilla se movía velozmente y no daba más la media hora.
"¿Y ahora qué puedo hacer?", dijo Pedro al reloj, "¡si te saltas las medias horas, me moriré antes!".
Entonces, Pedro trató de reparar el reloj: lo descolgó de la pared, lo abrió, y comenzó a desarmar sus ruedecillas, cuando de pronto el reloj se puso a reír y le dijo: "Me haces cosquillas,estúpido hombre, déjame en paz, si no me moveré de hora en hora y tu no tendràs ni siquiera el tiempo de abrir la puerta para ir a buscar setas porque te pondrás aún más viejo".
" ¿Qué?, !Ahora te arreglo yo!" exclamó Pedro,rojo de rabia. " Antes que nada te quito el Tac Tac,  te pongo en modalidad silenciosa, después te reduzco en trizas y para terminar, con lo que sobre me haré un reloj pequeño, pequeñito que tendré siempre conmigo para vigilarlo y así él me dará siempre las horas, las medias horas, los cuartos de hora, los minutos y los segundos".
" ! Como eres tonto !" replicò el reloj, " cómo vas  a llevarme siempre contigo si tus bolsillos están agujereados y tú no tienes ni siquiera una mujer que los remiende".
Pedro se rascó la cabeza muy pensativo, y finalmente tuvo una idea genial: tomó una tira pequeña de cuero y pegó el reloj pequeño que mientras tanto se había construido, se lo colocó sobre su muñeca.
! Y así nació el reloj de pulsera!
La invención fue genial, pero el pobre Pedro pasó el resto de su vida a controlar siempre los segundos de su pequeño reloj y no se relajo nunca más ni disfrutó de la vida.
MORALEJA : reloj o no reloj la vida pasa lo mismo y el tiempo no es caballero.

lunes, 9 de julio de 2012

Estudiando con celebridades (por Roberto Volpe)


Los alumnos del UNITRE de Perugia han contado sus experiencias, vivencias y recuerdos. Un poco para conocerse, un poco para practicar el idioma y seguramente para vivir un tiempo de añoranza a través de las fotos. Esperamos vuestros comentarios.



Señoras y Señores:

Ya os habéis vuelto aplicados en adivinar los compañeros de la clase cuando eran niños. Hoy os pido un salto de altura: vosotros tenéis que adivinar otros dos personajes destacados en la vida pública italiana.

El primero seguramente es conocido por todos vosotros porque lleva muchos años que con la TV os manda a dormir muy tarde casi cada noche. Es un periodista famoso, ha escrito muchos libros, le gusta discutir de política en su escenario televisivo, pero aún mejor goza cotilleando más o menos de la vida pública y privada de diferentes personajes; además es famoso por su lunar.

El segundo se ha vuelto famoso en los años setenta como fundador, junto a otro personaje de mayor altura moral, de un movimiento político de extremo izquierda. Y los dos fueron condenados a veintidós años de prisión por haber ordenado un homicidio; La prensa nacional e internacional habló de él por última vez el pasado 16 de enero; él ha escrito unos libros vendidos en su mayoría en Italia pero es aún un fugitivo de la justicia.
Pero ahora volvamos a echar el punto de nuestro asunto para contaros de mí, de la clase en general, de la maestra y de la escuela. Estamos en el año 1949, en una clase de enseñanza primaria de un colegio de educación privada concertada. Aun entonces la escuela privada muy a menudo era mejor que la escuela pública. Pero yo, como otros compañeros fuimos obligados a matricularnos allí porque teníamos recién cinco años y no podíamos ir a la escuela pública.

Mis padres aceptaron de buen grado esa solución porque el año anterior me había quejado todos los días que no quería ir al jardín de infancia donde las monjas me enseñaban a rezar, a bordar y a estar callado. Es así que cada mañana, cuando era la hora de salir de casa, daba un berrinche, me escondía debajo de una mesa imaginando que nadie podía  verme y cuando mi madre me arrastraba al jardín de infancia que estaba cerca de casa empezaba a llorar y a gritar a voz en cuello que quería ir a la escuela como mi hermana.

En la escuela yo estaba muy feliz y comprometido a entender todo lo que la maestra enseñaba. Eramos casi todos muy buenos, pero el niño que en la foto arriba es el segundo a empezar desde la  izquierda era muy aplicado en italiano, se destacaba de todos los demás y en segunda clase se leían sus composiciones a voz alta.

El niño que en la foto está de pie cerca de la pizarra era un muchacho prepotente y travieso, pero incluso muy inteligente y listo.

En la clase había, sea varones que hembras y todos estábamos por la niña morena y por su tirabuzón.

Estábamos felices; la maestra, que todos queríamos, enseñaba jugando con nosotros. Fue un período de mi vida muy importante que no se puede olvidar.



Un pintor de Bucarest (por Ornella Busti)


Los alumnos del UNITRE de Perugia han contado sus experiencias, vivencias y recuerdos. Un poco para conocerse, un poco para practicar el idioma y seguramente para vivir un tiempo de añoranza a través de las fotos. Esperamos vuestros comentarios.

 Un pintor de Bucarest (por Ornella Busti)

El señor que se ve en la foto ha sido, sin lugar a dudas, la persona más interesante que haya conocido en mi vida. Digo era, porque ha muerto, un pintor que venía de Bucarest, o sea de Rumanía, y había ido a vivir en Asis porque era muy religioso. Se llamaba Dragutescu (su nombre era Dacu). Lo conocí porque su mujer daba clase de francés y yo necesitaba aprender el francés para dar un examen en la universidad. Aunque fuese un hombre ya entrado en años, fue para mí una afinidad inmediata. Por una parte me sentía intimidada por su notoriedad, dado que era un artista famoso, por otra me enamoré de su maravillosa personalidad. Era un hombre encantador, que te hacía percibir la belleza del arte. Sus obras eran poéticas, y revelaban un alma noble, delicada. Hacía sobre todo dibujos, pero pintaba también cuadros de colores tenues. No fue solo él que me encantó, sino toda su familia. Su mujer, holandesa, era una mujer extraordinaria, amable, muy bonita, instruida. Además, vivían en una de las casas más bonitas de Asís, una casa antigua situada justo debajo de la Fortaleza (La Rocca Maggiore), por lo tanto se podía admirar un panorama que no es fácil encontrar en otras ciudades.


Incluso conocían a mucha gente de todas partes del mundo que íban a visitarlos, por eso se me abrieron horizontes desconocidos, se me reveló el mundo del arte. Recuerdo una velada maravillosa en su casa. Había una decena de personas que venían de diferentes paises, por tanto los idiomas se
mezclaban, y en fin cada uno de ellos recitó una poesia en su lengua, fue muy conmovedor escuchar esas poesías sin comprender nada, pero saboreando la musicalidad de los versos. Cuando, después de mi licenciatura, estuve en Londres cuatro meses, encontré a Dragutescu por una exposición suya, y lo pasamos muy bien juntos visitando la ciudad. Fuimos a ver el observatorio de Greenwich , incluso escuchamos un concierto. El fue también mi testigo de boda y me regaló uno de sus cuadros. Durante nuestra amistad me retrató dos veces. Tengo también un retrato de mi marido y uno de mi hija cuando era una niña. Mi amistad con esa familia fue muy duradera, no solo mientras ellos vivían en Asís, sino también cuando se trasladaron a Roma. En su casa de Roma, gracias a ellos, conocí a mucha gente interesante, pintores y escritores famosos. En conclusión puedo decir que haber conocido a un hombre tan rico desde el punto de vista cultural por cierto me ha enriquecido la vida.


UN MOMENTO IMPORTANTE EN MI VIDA (Ornella Busti)


Los alumnos del UNITRE de Perugia han contado sus experiencias, vivencias y recuerdos. Un poco para conocerse, un poco para practicar el idioma y seguramente para vivir un tiempo de añoranza a través de las fotos. Esperamos vuestros comentarios.

UN MOMENTO IMPORTANTE EN MI VIDA (Ornella Busti)

La profesora nos había pedido que trajéramos una foto de familia, una foto que traiga recuerdos de un momento importante de nuestra vida, por lo tanto hemos elegido esta foto. Está claro que se trata de un momento agradable, feliz, porque estamos en la playa, o sea es verano, la estación de las vacaciones. Para nosotros que vivíamos en un pueblo, además muy lejos del mar, ir a la playa y estar en la playa por lo menos un mes era una maravilla, era una cosa que esperábamos con mucho deseo durante todo el año. Si mis padres decidían ir al Mar Adriatico solían elegir la ciudad de Fano, a pesar de que tuviese una playa muy concurrida, En cambio la ciudad elegida en el Mar Tirreno era Ostia que, en aquel tiempo era todavía un lugar de vacaciones. Más tarde, cuando ya iba para los veinte años, empezamos a ir a Toscana, donde el mar era más bonito, así que tuvimos la oportunidad de conocer esos lugares tan hermosos. En el centro de la foto está mi madre, que era una mujer muy bonita. Luego, cerca de mi mamá estamos mis hermanos y yo. Las chicas que están de pie detrás de mi mamá son mis primas de Asís que venían de vacaciones con nosotros,primero porque lo pasábamos muy bien juntas, segundo porque eran huérfanas, por tanto mi madre les consideraba como a su hijas. Mis primas tenían también dos hermanos; uno de ellos se ve en la foto de pie detrás de mì. Todos juntos éramos una familia y nos queríamos mucho. Me acuerdo de estas vacaciones con mucho placer, pero recuerdo también muchos momentos felices que compartíamos con mis primas, las fiestas, los primeros enamoramientos, los amigos, las carcajadas que nos dábamos juntas, a pesar de que se tratase casi siempre de naderías.
De la escuela recuerdo bastante, no tanto de los primeros años de la enseñanza media, sino del bachillerato, sin embargo son muchos los compañeros que he olvidado. También mis hermanos iban al colegio a Asís, por lo tanto íbamos juntos. Ibamos con la bicicleta hasta un punto de encuentro donde nos encontrábamos con otros estudiantes que venían de los alrededores (Bastia, Foligno, Spello), y donde dejábamos nuestras bicicletas porque la subida final hasta el colegio era muy cansadora. Me acuerdo muy bien el viento frío que soplaba sobre nosotros y que venía del Monte Subasio. Llegábamos al colegio con las mejillas rojas como tomates. Sin embargo  nuestra salud era mucho más sana que la de ahora.

Mi niñez (por Ornella Busti)

Los alumnos del UNITRE de Perugia han contado sus experiencias, vivencias y recuerdos. Un poco para conocerse, un poco para practicar el idioma y seguramente para vivir un tiempo de añoranza a través de las fotos. Esperamos vuestros comentarios.

 MI NIÑEZ             (Ornella Busti)

Por lo que se refiere a mi niñez, os parecerá extraño,pero no me acuerdo nada hasta la edad de ocho, nueve años. Por un lado lo siento mucho porque todos suelen decir que los de la infancia son los recuerdos más bonitos, por otro la cosa no me molesta mucho, por lo tanto lo acepto sin dramatizar. Además hay alguien que dice que si uno ha olvidado un periodo de su vida casi completamente quiere decir que ha sido muy feliz. En la foto se ven cuatro niños. Somos mi hermano menor y yo, y mis primos de Roma que solían ir a Asís para pasar las vacaciones con nosotros durante el verano. A pesar de que no me acuerde nada de mi infancia, voy a contar algo de mi vida de niña reconstruyéndola a través de las fotos de familia que, por suerte, son muchas. Yo vivía en una casa muy ancha con tres plantas y un ancho jardín alrededor de ella. La casa se encuentra a lo largo de la carretera que de Santa Maria degli Angeli lleva a Asís. El panorama que se ve es estupendo porque se puede contemplar la ciudad en toda su bellezza como un cuadro. Dado que yo he empezado a mirar ese espectaculo desde mi nacimiento, es posible que por eso yo haya desarrollado mi afición por el arte. En casi todas la fotos mis hermanos y yo estabamos en el jardín, eso significa que pasábamos muchas horas jugando afuera. Aunque la carretera estuviera muy cercana, no era peligroso porque en aquel tiempo no había trafico, y eran pocos los coches que pasaban. Jugabamos mucho con nuestros perros y gatos, y nos gustaba mucho encaramarnos a los árboles. Hay una foto de un perro blanco al quel le habíamos puesto las gafas. De este perro me acuerdo que tenía un caracter fuerte: se tumbaba delante de la chimenea que encendíamos siempre durante el invierno y nadie podía acercarse. En la huerta teníamos frutas y verduras de todo tipo así que, mi madre me decía, nuestras comidas en la huerta eran cuantiosas. La casa tenía muchas habitaciones, pero, como he dicho antes, recuerdo muy poco, sin embargo me parece tener un cierto recuerdo de la gran escalera que subía de la planta baja a las plantas altas, y casi por cierto tengo un recuerdo del comedor donde estaba el piano, visto que, así me han dicho, empecé a tocarlo a los cinco años. En conclusión he hablado muy poco de mi infancia ya que parece estar enterrada en el olvido. Entonces contaré uu poco màs de la adolescencia cuando la memoria por fin aparece. De la escuela recuerdo poco. Los recuerdos empiezan a los nueve años, cuando asistía a la última clase de la enseñanza primaria. Entonces hacía falta aprobar un examen para pasar a la escuela media. Me acuerdo al maestro, que era severo, pero muy bueno. Estaba enamorada de su hijo, eso sí que me lo acuerdo bien. Ahora el chico es uno de mis mejores amigos.